“Traduttore
traditore” es el dicho que se suele aplicar a los traductores literarios y que
pone de manifiesto la dificultad existente a la hora de recoger los giros
lingüísticos y la riquezas de un idioma cuando se trata de trasladar a otra
lengua. Casi se podría decir lo mismo cuando hablamos de adaptación de un medio
a otro, cuando se intenta traducir de una gramática a otra, pasar de lo textual
a lo visual, de la palabra a la imagen.
Ese es el leit
motiv de Adaptación (Edicions de
Ponent, 2013) de Josep Busquet y Tomeu Pinya, quizás no tanto el proceso de
adaptación en sí mismo sino de lo que rodea a la misma idea en lo que se
refiera a la traslación un libro al cine. El concepto de pasar de un medio a
otro adquiere más una idea de lo social que un aspecto introspectivo que es el
que en un principio nos podemos querer encontrar en este volumen. Aquí el
proceso de la adaptación aparece como un ente colaborativo en el que todo el
mundo es responsable pero nadie es culpable, o más bien como un mecanismo, en
el que todo está mecanizado y preestablecido, y en el que el autor original
tiene poco que ver.
En Adaptación los autores nos narran una
pequeña fabula en la que una autora, originaria de un pueblo pequeño, escribe
una novela de época sobre los romances de una mujer, y lo que pasa cuando la
máquina de la industria cultural se pone en marcha. Lolo, un sosias de Pedro Almodóvar,
es el director encargado de realizar la adaptación de esta obra; es, por
decirlo de alguna manera, el traidor al que hacíamos referencia al principio de
este post. Pero que no deja de ser el eslabón final de una cadena en la que las
ganas de hacer dinero pesan más que las de ámbito creativo. Al final, en una
especie de final feliz o moralina según se prefiera, Teo Casal, la protagonista,
forma parte de esa cadena en la que la producción cultural se asemeja más a una
cadena de producción industrial que a un trabajo creativo.
Quizás lo que más
desasosiego me produce es como el personaje principal, al igual que otra que
aparece una vez que el relato está avanzado, se incorporan al sistema sin
ningún tipo de dilema moral y con solo una pataleta como única reivindicación.
Porque no queda nada de esa escritora que fue profesora del colegio de su
pequeño pueblo que estaba en total desacuerdo con la bastardización de su obra,
lo asume y sigue hacia adelante viviendo en un sistema corrupto e
individualista en el que cada uno solo se preocupa por su beneficio propio, y
que desgraciadamente se extiende más allá de lo retratado en esta obra. Se
trata pues de la representación de una sociedad amoral en la que todo vale,
incluso venderse a uno mismo, y en el que nos encontramos como la mediocridad
arrastra a cada uno de los personajes ya que solo quieren mantener el estatus a
costa de cualquier cosa: incluso su alma.
Resumiendo,
Adaptación es un buen trabajo en el que se describe la posición del autor
primario frente a la maquinaria industrial de la cultura en el que se describen
dos espacios primordiales: el pueblo y la ciudad. El primero como un topo de la
autenticidad, la verdad y la pureza; y el segundo como una representación de la
hipocresía, la mentira y del todo vale. Es pues más una obra sobre lo social en
los procesos culturales que sobre la imbricación y la dificultad a la hora de
crear a partir de un texto primario.
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