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miércoles, 18 de diciembre de 2013

La Guarida del Vigilante 2.0: LUCIFER, Libro 4 (@eccediciones)

Una semana más, queridos Vigilantes, volvemos a patrullar las calles y, tras ello, volvemos cansados a nuestra particular guarida para un relaxing cup of cafe con leche, acompañado de un buen cómic ;)

Cuando Neil Gaiman lo incluyó en su obra, The Sandman, poco imaginaba que las peripecias de Lucifer Morningstar llegarían tan lejos en manos del guionista Mike Carey. En este "libro 4", el Caído con el aspecto de David Bowie, se embarca (con un navío fabricado con las uñas de los muertos) en una odisea que discurrirá por diferentes mundos, enfrentará a dioses, ángeles, y poderes inimaginables, todo por recuperar el alma de la fallecida Elaine Belloc.

El presente volumen, además de haber sido escrito por el citado Mike Carey, cuenta con arte de David Hahn, Dean Ormston, Peter Gross y Ryan Kelly, y recoge los Lucifer #33-44 de la edición original USA. Una entrega indispensable para una de las historias indispensables de ese Vertigo sobrenatural que fue montando Karen Berger con otras obras como Sandman, Hellblazer o Swamp Thing...

LUCIFER. Libro 4
288 pp.
24,95 €

jueves, 28 de febrero de 2013

El sótano del primo Barto: All Star de viñetas


Vamos a cerrar nuestro espacio dedicado a las antologías de horror en el mundo del cómic llegando hasta épocas más recientes, concentrándonos en Flinch, una antología editada por Vertigo, el subsello de fantasía y terror para adultos que creó DC a principios de los años 90 del pasado siglo, una editorial al a que ya hemos dedicado algún que otro artículo, tanto a la propia editorial como a algunas de sus obras. Al igual que con las antologias de EC y Warren, Vertigo optó por reunir diversas historias de diferentes autores bajo la misma cabecera, aunque con notables diferencias respecto a sus antecesores, tanto por propia iniciativa como por la evolución sufrida por los aficionados al cómic.

Tanto las tres publicaciones de terror de EC como las tres de Warren tenían el mismo destinatario y estructura editorial. Por un lado, el público al que iban dirigidas era notablemente joven, principalmente niños y adolescentes que deboraban esas macabras aventuras con un ansia atroz. Por el otro lado, la estructura editorial era parecida, funcionando con una serie de autores más o menos estables pero que podían abandonar o llegar a las publicaciones sin problemas. Principalmente se optaba por tener pocos guionistas, muchas veces siendo estos los propios editores, quienes escribían la mayoría de las historias y tenían a su cargo una serie de dibujantes de confianza que se encargaban de plasmar sus guiones. Estos autores nunca fueron grandes estrellas en sentido general, siendo más bien artesanos. Aunque es cierto que no podemos negar que algunos autores conseguían más reconocimiento por la calidad de sus obras, como sucedió con varios dibujantes de EC que fueron rescatados por Warren, o por varios de esta editorial que consiguieron ir más allá de dichas publicaciones, como es el caso de Frank Frazetta o Richard Corben.

Por su parte, Flinch no es más que la evolución temporal de lo que por ejemplo fue en su día Creepy, asumiendo todos los cambios propios de la industria del cómic. Vertigo publica un total de 16 números, en formato comic-book, entre los años 1999 y 2001. El propio planteamiento de Flinch ya es diferente respecto a las publicaciones de Warren, pues en una época en la que el Comics Code había desaparecido totalmente, el horror más puro volvía al formato más clásico de cómic. Sin embargo, el planteamiento es totalmente diferente al clásico de EC, ya que Vertigo en lugar de dar un producto de horror de consumo para sus lectores, utilizaba Flinch como un vehículo de lucimiento de sus mejores artistas.

Esta es la principal diferencia de Flinch, pues casi podría ser considerada más como una antología de autores que como una recopilación de obras de terror. En las páginas de Flinch encontramos grandes historias de terror, pero no es menos cierto que también abundan historias de fantasía, misterio o simplemente thriller, abandonando cualquier matiz sobrenatural. Esta hibridación entre el horror y la serie negra es sintomática de esos años, cuando tras la desaparición de las grandes series de fantasía oscura, Vertigo se preparaba para un virage liderado por 100 Balas, colección que debutó sólo dos meses después que Flinch. En todo caso, la lectura de Flinch es más que recomendable para cualquier aficionado al cómic, ya que en sus páginas se pueden encontrar a grandes autores como los guionistas Brian Azzarello, Garth Ennis, Bruce Jones o Paul Jenkins; así como dibujantes de primer nivel como Jim Lee, Richard Corben, Kelly Jones o Frank Quitely; todo sin obviar a autores totales de primer nivel como Kent Williams o Ted McKeever.

En resumen, Flinch es una obra hija de su tiempo, en el que el autor de cómic es una figura muchas veces por encima de su obra, y en la que los géneros tienden a expandirse fundiéndose por los extremos, desdibujándose la frontera entre los mismos. En todo caso, es difícil sentarse con esta antología y no disfrutar con las viñetas que la pueblan.


Antología del terror
2. Tales from the Crypt: El antepasado convertido en mito

jueves, 17 de mayo de 2012

El sótano del primo Barto: La perversa fascinación del traje

Sin duda, uno de los aspectos más interesantes de la producción contemporánea en el cómic de terror es la hibridación, una de las tendencias predominantes de la postmodernidad. Como ya decíamos la semana pasada a raíz del cómic Spawn de Todd McFarlane, este ejercicio se vuelve un quebradero de cabeza de cara a la investigación o el análisis, porque las difusas fronteras que se crean dificultan la labor de catalogar una obra dentro de un género u otro, obtándose al final por introducir a la obra en una categoría doble. En el caso de Spawn veíamos como el terror era una mera excusa, casi un recurso visual, para cargar una historia de superhéroes donde primaba la aventura, aunque esto no elimina otras opciones como mínimo igual de interesantes.

Una opción de hibridación igual de remarcable es optar por el acercamiento contrario, partir de los lugares comunes del superhéroe para crear una historia, que está vez sí, se centra en el género de terror. Tenemos un perfecto ejemplo de esta práctica en dos cómics guionizados por el inglés Peter Milligan: Enigma y The Extremist, los dos publicados en 1993 por la editorial Vertigo, el primero con dibujo de Duncan Fegredo y el segundo con el trabajo artístico de Ted McKeever. Ambos cómics son una absoluta genialidad que tomando elementos del género de superhéroes, como ya hemos comentado una parcela dentro del género de aventuras, llevan al género de terror un pasito más allá mezclando el horror casi que con la metafísica.

Enigma es un trabajo centrado principalmente en el desdoblamiento del héroe, una obsesión dentro de la producción del autor británico, como podemos ver en Shade, el hombre cambiante, un prisma sobre el propio concepto de héroe a todos los niveles; o en X-Statix, el acercamiento más realista jamás realizado al superhéroe, por encima de las fantasías fascistas de Frank Miller o Alan Moore. Enigma es una historia sobre un hombre incapaz de lidiar con los poderes sobrehumanos, el cual se refugia en la figura irreal del superhéroe de cómic, algo que termina forzando su propia psique hasta un punto de no retorno donde se difumina el propio concepto de individuo. El cómic de Milligan y Fegredo casi podría considerarse como un perturbador acercamiento hacía el concepto fracasado de superhombre de Nietzsche, donde el poder solo genera caos y destrucción.

Por su parte, The Extremist deja de lado todo el aspecto sobrehumano del héroe para asentarse sobre las características básicas del vigilante sin poderes, cuyo mayor representante lo encontramos en la figura de Batman. Lo perverso de la obra de Milligan es que mientras Enigma es un ser omnipotente que nos sirve para reflexionar sobre la debilidad antinatural del superhéroe, The Extremist es solo un ser humano con un traje que nos sirve de vehículo conductor para una reflexión sobre el poder desmedido que no lleva pareja una responsabilidad. La obra de Milligan y McKeever no se queda atrás a nivel de perturbación, ya que el superhéroe, y especialmente su traje, es el motor central de una historia de degeneración y perversión donde se mezcla el sexo y la dominación.

Estos dos trabajos de Peter Milligan, y gran cantidad de su producción, son un auténtico problema a la hora de tratar de clasificar todas las obras en géneros estancos, dificultando en gran medida la labor de los estudiosos y divulgadores del cómic. Pero este problema se perdona y se desprecia con velocidad al ver el enorme disfrute que provoca su lectura, un juego en el que el autor se empeña en casi cada página en romper una nueva frontera, una misión que para sorpresa del lector cumple con eficacia alemana y flema británica en la inmensa mayoría de sus intentos.


jueves, 13 de octubre de 2011

El sótano del primo Barto: El Vertigo del terror adulto

Es muy posible que buena parte de mis aportaciones a esta fantástica publicación digital tenga como tema central la producción del subsello Vertigo, perteneciente a la editorial DC. Esta subdivisión de DC atrajo para sí a los mejores guionistas de la época, creando historias maduras y sofisticadas donde el terror era el rey absoluto.

Sin ninguna duda, Vertigo redefinió a principios de los noventa el cómic de terror, aunque sin dudar a la hora de tocar otros géneros como el western o la ciencia-ficción. La génesis de Vertigo la podríamos encontrar en una única colección publicada por DC en los ochenta, La cosa del pantano de Alan Moore, en la cual el genio inglés reconstruía el horror clásico, dándole una perspectiva más metafísica, sin llegar en ningún momento a abandonar los temas clásicos aunque desde una nueva perspectiva, demostrando que tópicos como los hombres lobos no se habían agotado.

Tras el éxito de La cosa del pantano de Alan Moore, otros guionistas ingleses de talento cayeron en la red de DC, muchos recomendados por el propio Alan Moore. De este modo, Jamie Delano se encargo de Hellblazer, un spin-off de La cosa del pantano protagonizado por el mago más urbano, John Constantine; mientras que Neil Gaiman se convirtió en el primer guionista de cómic rockstar gracias a Sandman, una vuelta de tuerca a los mitos clásicos desde una óptica muy madura.
DC no pudo dejar pasar esta oportunidad, debido a lo cual la editora Karen Berger creó en 1993 el subsello Vertigo, que se caracterizó por llevar totalmente la contraria a la moda imperante de la época. Vertigo era el reflejo tenebroso de Image, cambiando al dibujante explosivo por el guionista perturbador, en Vertigo importaba la historia y mucho, pecando incluso de utilizar a dibujantes muy por debajo de lo que se merecían esos guiones.

En Vertigo se lanzaron colecciones de enorme calidad, como Shade, el hombre cambiante de Peter Milligan, que comenzó antes que el propio sello; o Predicador, de Garth Ennis, que se convirtió en la colección estrella de Vertigo tras el final de Sandman. Todas estas colecciones, y muchas otras, demostraron que el éxito de los cómics de terror seguía siendo totalmente vigente en la década de los noventa, motivo por el cual le dedicaremos algún monográficos a muchas de estas colecciones, personajes y autores.

Desgraciadamente, para el amante del buen terror, Vertigo derivó hacia otros caminos con el cambio de siglo, dando espacio al thriller, con la enorme 100 Balas de Brian Azzarello; o a la fantasía más pura, como demuestra Fábulas de Bill Willingham. Pero por fortuna tenemos memoria, por lo que utilizaremos este rincón para recuperar el mejor terror de Vertigo, y que todo el mundo se quede tranquilo, que los recuerdos nos llegan más allá, ya que tenemos mucho horror para recorrer en mitad de la oscuridad.