Mostrando entradas con la etiqueta Mitos Cthulhu. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mitos Cthulhu. Mostrar todas las entradas

jueves, 7 de noviembre de 2013

El sótano del primo Barto: Al otro lado de la página


Desgraciadamente has perdido el tren de la tarde y el próximo no sale hasta la mañana siguiente. Por suerte un trabajador de la estación te dice que puedes coger el autobús, aunque normalmente no lo coge nadie, pasa por un pueblo de mala fama. Un pueblo donde se rumorea que la gente adora al diablo y realiza siniestros sacrificios. Pero claro, el ferroviario te dice que él no se cree nada de esas historias de viejas y tú no tomas mejor decisión que tomar el autobús, es más, incluso planeas hacer una leve parada turística en ese pintoresco pueblo. Esta es básicamente la génesis de La sombra sobre Innsmouth, uno de los relatos más conocidos de Howard Philips Lovecraft y uno de los seleccionados por el autor holandés Erik Kriek para su antología en cómic Desde el más allá y otras historias, compuesta por cuentos del autor de Nueva Inglaterra. Una historia tan genial como el trabajo de adaptación que hace Erik Kriek.

Parecería que poco más se puede decir de Lovecraft y su obra de lo que ya hemos comentado por aquí, donde los mitos de Cthulhu han surgido una y otra vez desde las más diversas perspectivas, desde la adaptación más fiel (Reanimator) hasta la locura más pulp (The Hammer), sin olvidar la parodia (El joven Lovecraft) o la puesta al día de su obra (Neonomicon) . Por un motivo u otro, son cientos los autores que se han acercado sin poder evitarlo a este autor, tanto en el cómic como en cualquier medio, como es el cine, los videojuegos o los juegos de rol, y no limitándose a pequeñas incursiones, sino a ser un pilar vivo del medio, casi un género en si mismo que además de adorar a los clásicos se va nutriendo continuamente de savia nueva. Casi se podría decir que cualquier autor atraído por el horror cósmico o la ciencia-ficción oscura tarde o temprano termina incluyendo en su obra retazos de los mitos de Cthulhu, ya sea mediante la adaptación más fiel, dando su propia visión sobre esta cosmogonía oscura o simplemente entreteniéndose añadiendo un pequeño guiño aquí o allí, sólo por su devoción como fan.

Pero por lo que opta Erik Kriek en su antología, publicada en España por La Cúpula, es por la adaptación más directa de varios relatos de Lovecraft: El intruso, El color que cayó del espacio, Dagón, Desde el más allá y La sombra sobre Innsmouth. Aunque la lectura de la antología nos deja otro gusto, pues a pesar del respeto que perfilan las páginas de Erik Kriek por Lovecraft, no podemos evitar encontrar la autoría del holandés, que sin querer o queriendo forma una pequeña mixtura que sin duda sienta de la mejor forma posible al resultado final. El buen autor no puede evitar dejar su propia huella en su trabajo, algo que hace que un cuento de Lovecraft adaptado por Erik Kriek no sea igual a uno que ha sufrido el mismo proceso por otro autor, como es el caso del conocido Richard Corben, quizás el autor más conocido que ha trasladado a Lovecraft al cómic. Aunque es cierto que se podrían encontrar semejanzas entre el dibujo de Corben y Kriek, lo cierto es que el segundo tiene un trazo más amable que por momentos puede recordarnos al cartoon más clásico, e incluso infantil, algo que no desmerece para nada el resultado final, sin restarle tensión.

Aunque lo que sí cambia con el trabajo de Erik Kriek en Desde el más allá y otras historias es el tono de las aventuras de Lovecraft, que abandonan un poco su sentido marmoreo para dar más espacio a la acción y al héroe. No nos engañemos, los protagonistas de Erik Kriek están igual de condenados que los de Lovecraft, aunque su lucha es más enérgica, más salvaje y decidida, lo que unido al dibujo de su autor nos dan exactamente las mismas aventuras pero con una sensación algo diferente, no mejor ni peor que la lectura original, sino la visión propia de un autor que como muchos de pequeño quedó atrapado en Arkham y ahora nos transmite esas aventuras de juventud. 


@bartofg

jueves, 7 de marzo de 2013

El sótano del primo Barto: El muerto que no descansa


Nadie dudará que en esta humilde columna hay una serie de temas que se repiten de forma incesante, los cuales repiquetean como una vieja campana, oxidada, atonal y con algún que otro agujero, algunos dirían que incluso con una soga gastada apunto de romperse, pero que contra todo pronóstico resiste impertérrita el paso del tiempo y el ataque de los elementos. Es evidente que el tema sobre el que todo gira es el propio horror, el miedo devenido en espectáculo. Pero una vez que hemos definido nuestro continente de exploración, el terreno a recorrer presenta las mismas opciones y divergencias que puede encontrar cualquier científico. A veces hablamos del terror mismo, de su funcionamiento o engranajes; mientras que otras veces nos centramos en alguna obra o tendencia temática. Las opciones son casi infinitas, nos podemos asustar de mil y una formas.

Después hay otros temas que caen poco a poco, conformando su propia nación, sin prisas, alejados de cualquier variación de la guerra relámpago. Este fenómeno se presta a palabras grandilocuentes, como pueden ser el término legado. Esto puede sonar pomposo, pero hay autores y obras que se derriten hasta crear un universo propio. Quizás el más famoso, el que más veces hemos tocado aquí, sea el universo lovecraftiano, ese cosmos creado por Howard Philips Lovecraft y que tomó nombre como Los mitos de Cthulhu. Aquí se han tratado ya varias obras, de muy diversos autores, que se han valido del horror cósmico de los mitos, pero hoy nos vamos a parar en otra faceta de Lovecraft que se aleja un poco de los dioses primogénitos, pero que no merece menos atención. En su tratado del horror, el autor Noël Carroll defiende la figura del científico loco como una forma diferente de estructurar el terror, presentando la dicotomía entre científico y experimento frente a la estructura clásica de la obra de terror definida por el monstruo, la criatura. Este apéndice del terror fue tratado por Lovecraft, creando a la figura del Doctor Herbest West, un antiguo estudiante de la Universidad de Miskatonic obsesionado con vencer a la muerte, demostrando que era un proceso totalmente reversible.

Sin embargo, la percepción popular de la figura del Dr. West se vio alterada por su incursión cinematográfica, principalmente por la trilogía protagonizada por Jeffrey Combs, conformada por Re-Animator, La novia de Re-Animator y Beyod Re-Animator, siendo la primera dirigida por Stuart Gordon y las siguientes por Brian Yuzna. A pesar del buen trabajo de los directores, maestros del cine de terror, su apuesta por un gore explosivo y colosal, transformó las películas más en una visión personal de la obra de Lovecraft que en una adaptación fiel del autor de Providence. Esta visión más festiva de Herbert West, cercana al cine de autores como San Raimi, se tradujo en su traslación al cómic, algo que demuestra incluso la miniserie que se elaboró donde Ash, protagonista de la saga Army of Darkness, compartía protagonismo con el médico reanimador.

Sin embargo, no todo está perdido para los que buscan una visión de Herbert West más cercana a la original de Lovecraft en el mundo del cómic, como bien demuestra la adaptación de su relato elaborada por el francés Florent Calvez en su obra Reanimator. El autor, que ya había trabajado temas lovecraftianos en cómics como U-29, en aquella ocasión con guiones de Rotomago, se acerca a la obra original de Lovecraft para traernos a un Herbert West alejado del humor y centrado en sus dudas y obsesiones, las mismas que le hacen enfrentarse a la propia muerte. Si se puede decir alguna palabra sobre la adaptación de Florent Calvez, esa no puede ser otra que sobria. El autor sabe plasmar un ritmo sereno y continuo al cómic, algo que se aplica tanto al guión como al dibujo, que se presta de forma totalmente eficiente a la atmósfera y finalidad del guión. Respecto a la historia que recorre las páginas de Reanimator, nos encontramos con una narración que si bien no se vale de los grandes temores del terror cósmico, si utiliza la mayoría de los recursos y temas de Lovecraft, incluso los involuntarios. Así, además de ese uso de un horror nebuloso más allá de la comprensión y un ataque directo al positivismo más radical, nos encontramos con elementos como la repulsión hacia el género humano, especialmente hacia la variedad racial, dándose sin problemas alguna que otra pincelada del racismo del autor original. Por su parte, el dibujo no podía ser más conveniente, ya sea en una casa victoriana de Nueva Inglaterra o en un campo de batalla de la Primera Guerra Mundial, nos encontramos con un trazo seguro en un universo en sepia, que condensa la acción y el movimiento, consiguiendo imágenes rotundas en lugar de meras estampas estáticas. Cabe remarcar también el leve uso de algunos recursos netamente artísticos, como el empleo del color púrpura, única concesión al color, para remarcar la sangre.

Reanimator de Florent Calvez era una obra necesaria, pues a pesar de toda la diversificación y expansión de la obra de Lovecraft, siempre es reconfortante volver a los orígenes, con el fin tanto de demostrar que no han perdido vigencia como que aún quedan caminos por explorar en un terreno tan aparentemente manido como el del científico loco entregado de por vida a su experimento.


jueves, 12 de abril de 2012

El sótano del primo Barto: Contra el mal, contundencia

Esta semana volvemos a centrar nuestra atención, a riesgo de parecer pesado, en una nueva encarnación de los mitos de Cthulu en una historieta. Aunque es innegable que existen multitud de obras relacionadas con el género de horror, no es menos cierto que esta humilde columna tiene una manifiesta debilidad por la cultura popular, en la que sin duda el cómic y las obras de Lovecraft ocupan un importante porcentaje. Así que hoy nos centraremos en el cómic The Hammer, obra de Kelley Jones. La selección de esta obra también está afectada por el dibujo del autor, ya que aunque debido a la naturaleza de esta columna es lógico que nos centremos en el guión, el arte gráfico también puede convertirse en una perfecta herramienta para hacer circular el horror.


Antes que nada he de reconocer que Kelley Jones es sin duda uno de mis autores favoritos, algo que puede extrañar a quienes me conozcan y sepan de mi obsesión por la línea clara y mi manifiesto desprecio a todo dibujo que se parezca a un cómic de superhéroe norteamericano realizado en la década de los 90. Sí, lo sé, es raro y explica a cualquier explicación, pero soy un enamorado de los lápices de Kelley Jones. Quizás, las obras más conocidas del autor norteamericano sean la trilogía de Batman & Dracula y el cómic Haunted Gotham, cuatro Elseworlds protagonizados por un Batman alternativo que se debe enfrentar primero al rey de los vampiros, convirtiéndose el mismo en uno, y después a una invasión demoniaca de su querida ciudad.



Pero si hemos optado por The Hammer, se ha debido a que es una obra para la que Kelley Jones ha realizado el guión además del dibujo, por lo que podemos acercarnos más a la percepción que el autor tiene sobre el terror. The Hammer pertenece a ese grupo de obras que no se contenta con adaptar el universo de Lovecraft, sino que lo toma como punto de partida para llevarlo más allá. El cómic de Kelley Jones honra la tradición de Cthulu pero añadiendo varias capas de complejidad, primero una imprimación de aventura pulp, después una capa de terror setentero y finalmente un barniz de horror en la edad de los medios de comunicación de masas. Toda esta amalgama sirve para que Kelley Jones nos muestre a un guerrero mítico de origen alienígena que debe luchar contra una bruja que utiliza un libro de autoayuda para crear las condiciones perfectas en las que invocar a los dioses primigenios.



Aunque este juego de referencias podría parecer complejo o sesudo, The Hammer es ante todo diversión, fuerza bruta contra el mal, humor autorreferencial e incluso un poco de erotismo adolescente. The Hammer se disfruta y mucho. Por si todo esto fuera poco, la guinda la tenemos con el trabajo artístico de Kelley Jones, con un dibujo lleno de contrastes que parece obedecer más a las necesidades psicológicas que realistas de la obra: sombras enormes dan personalidad a un dibujo que se deforma, expandiéndose y encogiéndose, en base al ritmo interno de la historia.




jueves, 26 de enero de 2012

El sótano del primo Barto: Solo para iniciados


Después de la introducción de tres semanas que hemos dedicado a la Nueva Carne, creo que deberíamos cambiar un poco el tono de esta aborrecible columna, por lo que hoy nos centraremos en el humor. Pero tranquilos, que aquí podemos reírnos, pero ni por un segundo vamos a dejar de lado lo más oscuro del alma humana, así que nos reiremos con un deje de horror y locura. Para conseguir ese objetivo nos centraremos en El joven Lovecraft, la tira cómica de José Oliver y Bart Torres una obra que conjuga perfectamente el humor directo con esas pequeñas referencias que crean una agradable complicidad entre el autor y el lector.

La verdad es que no descubrí la existencia de El joven Lovecraft gracias a su tira digital, sino más bien gracias a mi hermana, que se había comprado el primer tomo, el cual tomé prestado sin pedir permiso. Para ser sincero, cuando me enfrenté por primera vez a El joven Lovecraft me esperaba una tira corriente llena de obviedades y lugares comunes, quizás por mí poca confianza en el género de humor en la historieta nacional, que muchas veces no suele pasar de la parodia directa sin más. Pero afortunadamente, el resultado que José Oliver y Bart Torres consiguen con El joven Lovecraft deja muy atrás a lo que nos ha acostumbrado la media del cómic de humor, pero es que si además nos gusta el terror encontraremos pocas obras que se acerquen, y si ya además rizamos el rizo y estamos locos por los mitos de Cthulhu ya es cuando tenemos una obra que te llena la tarde, quizás la mejor junto a Unspeakable (Vault of Doom), realizada por Goomi.

Como iba diciendo, me senté en compañía del primer tomo de El Joven Lovecraft y no me levanté hasta que me leí la última página, una delicia. Después me puse a pensar un rato. Si nos paramos a reflexionar sobre la importancia de la obra de Lovecraft, fácilmente nos damos cuenta de cuanto ha influido en el horror actual, convirtiéndose claramente en un subgénero de terror que inunda todos los medios, desde la literatura al cine pasando por el cómic o los videojuegos. Aunque la mayoría de dicha producción se centra en la visión más seria de las creaciones del maestro de Lovecraft, quitando algunos ejemplos como el cómic de Goomi, o las sagas cinematográficas de Evil Dead o Re-Animator. Aunque tanto las aventuras de Ash creadas por Sam Raimi como las peripecias del doctor Herbert West llevadas a la pantalla por Stuart Gordon y Brian Yuzna optaban por el mismo camino, el pasarse de rosca convirtiendo el horror cósmico en Grand Guignol.

Seré el último ser sobre la Tierra que reniegue del abuso de sangre falsa y látex, pero a veces está bien encontrar obras que optan por otro camino. No nos engañemos, en El Joven Lovecraft, José Oliver y Bart Torres no desarrollan un humor sesudo, es más, abundan las bromas de sal gruesa, las cuales contrastan de maravilla con la gran cantidad de referencias cruzadas que nos podemos encontrar. Esto es fantástico, ya que te puedes reír porque un primigénio llame mariquita a Lovecraft mientras te sientes más listo al reconocer un guiño a tal autor u obra, ¿qué más se puede pedir?

Un profesor que me impartió clases dijo una vez que el más difícil de los géneros era la parodia, debido a que se debe conocer en profundidad una obra o género para después pervertir todas las reglas aplicando unas nuevas. Esto es precisamente lo que consiguen José Oliver y Bart Torres con El Joven Lovecraft, demostrando un gran conocimiento sobre la obra del autor de horror y la cultura popular en general, una sabiduría que gentilmente nos devuelven convertida en carcajadas.



viernes, 30 de diciembre de 2011

El sótano del primo Barto: Porque alguien tenía que salvar la Navidad, otra vez

Vuestro querido primo Barto ha sufrido durante el día de hoy su propio día de los inocentes con retraso, teniendo que soportar una larga jornada sin suministro de internet, un largo largo día sin poder ver trailers en youtube o amandahunsakear un poco. Aunque también he de reconocer que en vista a mi sustitución de hoy casi que me apetece desaparecer algún que otro día más para disfrutar de trabajos tan buenos como el de hoy. Pero más vale tarde que nunca, así que aquí tenéis mi columna semanal:

Escribo esta columna en mi querido sótano, junto a las estridentes luces de mi árbol de navidad y las grotescas figuras del portal de Belén, ahora ya sí metidos totalmente en Navidad. Pero claro, estas fechas tan señaladas, como todos sabemos, se mueven en un delicado peligro entre la felicidad absurda y el mayor de los caos. La semana pasada comentábamos como la banda de glam Kiss se veía obligada a salvar la Navidad de un malvado demonio malo porquesí, este hecho podría hacernos pensar que los festejos estaban a salvo, pero no, la Navidad vuelve a estar en peligro, y esta vez le toca el turno de salvarla a otro héroe del horror.

Esta semana nos centraremos en el cómic Army of Darkness: Ash's Christmas Horror, protagonizado por el carismático Ash Williams. Al igual que la semana pasada, nos encontramos con un caso de producción transmedia, esa bonita tendencia que se da con suma facilidad en el mundo del fandom. El personaje de Ash nace en los ochentas en la película Posesión Infernal, esa genial película de Sam Raimi en la que se mezclaba de forma brutal el horror y el humor, pionero de ese cine de casquería y carcajada, que cuenta con otros grandes ejemplos como Braindead: Tu madre se ha comido a mi perro, de Peter Jackson. Aunque es innegable que el personaje de Ash triunfó más entre el público, convirtiéndose una figura de culto con legiones de fans que han disfrutado del personaje en sus tres películas, un videojuego e infinidad de cómics, que han expandido notablemente el universo del personaje.

En los cómics de Army of Darkness, nombre de la tercera película y etiqueta que engloba el universo terrorífico de Ash, hemos visto a nuestro héroe enfrentarse infinidad de veces contra demonios y criaturas infernales de diversas índoles que luchan por entrar en nuestro universo. La mitología de Army of Darkness bebe de forma tangencial de los mitos de Cthulu de Lovecraft, inspirándose sobre todo en el conocido Necronomicon, el libro de los muertos, que se convierte casi en un personaje más en las aventuras de Ash, siendo casi siempre la causa de todos los males. Afortunadamente, Ash es un personaje bastante seguro de sí, con un carisma y una caradura del tamaño de un rascacielos, que no tiene problemas en matar demonios una y otra vez mientras suelta algún chascarrillo que pivota entre lo chulesco y lo irónico.

A lo largo de las aventuras en cómic de Ash se han publicado diversos especiales, siendo la mayoría crossovers con otros héroes, desde Xena, la princesa guerrera, hasta los zombies de Marvel; pasando por cruces con otros personajes de casquería como Re-Animator o Darkman. Aunque también se han editado especiales como el cruce entre Ash y el mismísimo Obama o el número ahora comentado, un especial de Navidad publicado en el año 2008. Army of Darkness: Ash's Crhistmas Horror es un auténtico viaje a lo más profundo de la Navidad actual, donde se mezclan los Santa Claus de centro comercial con los especiales televisivos que se repiten Navidad tras Navidad.

Army of Darkness: Ash's Christmas Horror se puede dividir fácilmente en dos mitades bastante diferenciadas. En la primera parte del cómic asistimos al clásico enfrentamiento entre Ash y las fuerzas del mal, con un Santa Claus poseido sembrando el terror en el centro comercial donde Ash tiene su puesto de trabajo. Lo verdaderamente original llega con la segunda mitad, en la que Ash es afectado por el malvado Necronomicon, quien introduce a Ash en un universo de especiales navideños, desde el Grinch hasta Snoopy pasando por el clásico dickensiano. Esta segunda parte sirve para que Ash comprenda la importancia de su papel como vigilante frente al mundo demoniaco. Army of Darkness: Ash's Christmas Horror es ante todo un cuento moralista navideño, cargado de sangre y vísceras pero moralista al fin y al cabo, una genial manera de aunar la candidez de estas fechas con litros de sangre y pus.


jueves, 3 de noviembre de 2011

El sótano del primo Barto: Moore, Lovecraft y la cópula abominable

Es innegable que uno de los mayores creadores del género de terror del siglo pasado fue Howard Philips Lovecraft, un autor que aunque no desarrolló una pluma perfecta, si fue capaz de crear una cosmología propia bajo el concepto del horror cósmico, una definición sobre la que se refugiarían autores posteriores, que expandirían el cosmos del autor más allá, incluso saltando a nuevos medios como el cine o como el que hoy tratamos aquí, el cómic. Lovecraft ha tenido muchísima vida en el mundo de la historieta, pero hoy nos centramos en un recopilatorio de dos trabajos del guionista Alan Moore, una auténtica vaca sagrada del cómic, que centró su mirada en la obra de Lovecraft para, como ya hicieron muchos antes, expandir su universo y ya puestos asustarnos en el proceso.

El tomo de reciente publicación por parte de Panini, Neonomicon, recoge dos trabajos realizados por Alan Moore, apoyado por el dibujo de Jacen Burrows, para la editorial de Warren Ellis, Avatar Press. Aunque el cómic se titule Neonomicon, realmente incluye las historias The Courtyard, publicada en dos números en enero y febrero del año 2003; y la propiamente llamada Neonomicon, continuación de la primera y publicada en cuatro números, entre junio del 2010 y febrero del 2011. Por suerte, ahora podemos hacernos con las dos historias en un único tomo y colocarlo en nuestra estantería junto a otros ominosos volúmenes como los propios relatos de Lovecraft, o si somos afortunados junto a un ajado volumen del Necronomicon.

Como ya hemos dicho, el mérito de Lovecraft no lo encontramos en la belleza o superioridad de su estilo literario, sino en la ambición de su imaginación y en el portento de su creatividad. Lovecraft creo un nuevo universo donde el hombre no dejaba de ser una hormiguita que solo podía ser mero espectador ante el choque de seres y fuerzas inefables, criaturas imposibles que luchaban por la supremacía en diversas realidades, desde nuestro mundo físico hasta la dimensión onírica del puro pensamiento. Ante esta presentación de Lovecraft basada casi exclusivamente en las descripciones y los planteamientos de conceptos, historias que terminaban no cuando el héroe se enfrentaba a lo desconocido, sino simplemente cuando el héroe intuía lo extraño solo para perder la cordura; Alan Moore agarra dichos mitos y los acerca, esparciendo las brumas del misterio inexplicable y enseñándonos a sus moradores.

La primera historia del tomo recopilatorio, The Courtyard, es una adhesión al Lovecraft más clásico. En ella, Alan Moore nos muestra una aventura de un héroe en busca de una verdad, algo que le será totalmente vedado, ya que cuando se pase de la investigación humana a la exploración de lo incomprensible solo podemos encontrarnos con un fin posible. Por su parte, Neonomicon es una exploración más interesante de los mitos de Lovecraft, ya que trata de plasmar y mostrar esa parcela de la obra del escritor que éste se limitaba a bosquejar. Quizás la parte más interesante de Neonomicon sea la construcción de los cultos adoradores de las fuerzas primigenias, así como sus extraños ritos donde se mezcla la sangre y el sexo, una realidad que Lovecraft se limitaba a nombrar sin entrar jamás en detalles.

Neonomicon es una obra de obligada lectura para cualquier fan de Lovecraft o de Moore, la perfecta unión de dos autores geniales que unen sus fuerzas más allá del tiempo y la muerte para la mera adoración y gloria de los primigenios.


Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn.