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jueves, 29 de agosto de 2013

El sótano del primo Barto: No es un lobo, es peor


A nadie pillará por sorpresa que yo ahora le diga que Lobezno originalmente no tiene nada que ver con los lobos, pues su nombre original, Wolverine, hace alusión a otro animal, al glotón, una especie de tejón supervitaminado con garras retráctiles, solitario y con bastante mala leche. Pero claro, no puedes poner en una portada un tío decapitando a alguien y que en letras bien grandes leamos glotón. Aunque en cierta manera lobezno siempre ha fluctuado entre el glotón y el lobo, entre una naturaleza violenta y explosiva y el animal gregario que aparentemente es una pieza más de los mutantes de Marvel, un grupo heróico totalmente anacrónico, pues es extraño que una sociedad que ame a sus superhéroes, desde los vengadores hasta los vigilantes, repudie a los hombres X.

Esta situación siempre ha puesto a Lobezno en una situación delicada, pues debe compaginar su labor de psicópata convertido en héroe por accidente con las responsabilidades de liderar y educar a los de su clase. Con lo que al final, a mi humilde parecer, Lobezno queda en tierra de nadie, sin llegar a la honorabilidad de héroes como Cíclope o el Capitán América, pero sin tocar el fondo malsano y sin excusas de Punisher, quedando todo a disposición de las labores del guionista. Pues aunque muchos no lo quieran ver, no es bastante con que Lobezno diga “Soy el mejor en lo que hago y lo que hago no es agradable”. No, Lobezno merece mucho más, merece dejar de lado no sólo el traje púrpura y amarillo, sino también el mono de cuero e incluso el sombrero de cowboy, pues al final no deja de ser un hombre roto incapaz de lidiar con su propia existencia.

Así que encontramos ejemplos como Lobezno Inmortal, donde sin que sepamos muy bien el motivo, nuestro héroe intenta compaginar todas las facetas de su vida, para no llegar más allá de ser un hombre incapaz de superar una pérdida, sin llegar en ningún momento a transmitir esa sensación de ser una persona que destruye todo lo que ama o que es incapaz de lidiar con su propia inmortalidad. Pero por suerte nos encontramos con cómics como MAX: Lobezno, cuyo tomo Ira permanente recoge los primeros seis números de esta colección de Marvel, escrita por el novelista Jason Starr y dibujada por los artistas Roland Boschi y Félix Ruíz. Como sucede con otros cómics del subsello MAX, nos encontramos con las visiones más adultas, en el sentido de maduro, de los héroes Marvel, donde hay que señalar grandes colecciones como Alias de Bendis o Punisher de Ennis, prueba de que Marvel puede dar mucho a sus lectores más allá de un universo superheróico que necesita una buena suspensión de la credibilidad.

El Lobezno de Starr, como podemos ver en Ira permanente, si es un hombre violento y roto, una fuerza de la naturaleza tan inmortal como ciega que se ve incapaz de lidiar con la humanidad. Es cierto que Starr se vale de lugares comunes tanto en la historia del personaje, como la perdida de la memoria, como de la narrativa en general, la redención a través del amor; pero pasado a través de los prismas que le han dado fama en la literatura, desde el noir hasta el thriller, dejando de lado los supervillanos y entrando en el mundo del crimen organizado. Con esto, Ira permanente se acerca más a la fábula que al superhéroe, pues el laberinto de humo y espejos que atraviesa Lobezno no es más que la búsqueda constante del lugar de cada uno, de intentar encajar piezas de un puzzle sin la imagen de referencia. Aunque claro, como no podía ser de otra forma, regado con la máxima violencia posible y acompañado de mujeres fatales y gorilas de gatillo fácil. El Lobezno de Starr es un Philip Marlowe más, alguien más ducho en el arte de recibir golpes que de darlos, aunque siempre con la capacidad de caer de pie, y en este caso con un esqueleto de adamantium y garras retráctiles.


@bartofg

miércoles, 31 de julio de 2013

Sesión Numerada #18. Lobezno Inmortal (2013). Lobezno Must Die.


Con la llegada de la última de Lobezno a las pantallas españolas parece ser que ha crecido, al menos por mi parte, una sensación de agotamiento ante determinado producto de superhéroes, sobre todo X-Men y derivados, como es el caso que nos ocupa y mira que X-Men: First Class (2011) había dejado el listón bien alto pero todos sabemos lo ocurre con las producciones de Marvel, lo mismo son brillantes que penosas.



Lobezno Inmortal es una de esas películas que vas al cine a ver en temporada de verano sin pedirle nada y, claro, tampoco ofrece nada más allá de lo esperado: acción, el torso desnudo de Hugh Jackman, una chica asiática mona y un montaje rápido y efectivo. Puede ser que al salir del cine descubras que no ha estado tan mal como esperabas y que exceptuando una serie de escenas que ralentizan el ritmo de la película de forma desmesurada y que no aportan nada sustancial, coincidiendo con la etapa sueños y relaciones amorosas-tormentosas que para algunas féminas pueden resultar de lo más interesante siguiendo con la moda de la humanización del superhéroe, de la que ya se pueden hacer estudios psicológicos y que está acabando con la auténtica concepción del propio superhéroe. La acción está en dosis justas y necesarias y la escena del tren bala es una de las mejores del conjunto, tal vez porque tiene un montaje menos frenético que el resto y porque se le añade una vis cómica que suma a la escena.

En lo concerniente a la historia, parece que desde hace años (incluso décadas) tomar como referencia la cultura japonesa (véase la corriente artística Japonismo) está de moda y más ahora que muchas de las campañas publicitarias de productos tecnológicos están enfocadas a dicho mercado. Sin embargo, muchos de los aspectos reflejados de esta cultura asiática no son más que meros trazos estéticos que llegan a justificar algunas cuestiones de la narración pero no dejan de ser una visión bastante estereotipada, pobre y fácilmente reconocible para el espectador más mediocre. Aunque la película se base en el cómic Honor, dibujado por Frank Miller y guionizado por Chris Claremont, claramente no creo que esté a la altura del original y mira que han intentado infundirle una mayor personalidad al principio a Logan, pero con el metraje ésta se va desinflando a marchas forzadas desdibujando al personaje casi a la vez que adquiría su mortalidad.


Y qué decir del resto del reparto, una Mariko más bien insulsa junto a una desaprovechada Yukio (posiblemente referente estético para las más jóvenes), a la que le sumamos una villana floja, Viper, y un Yashida a medias tintas, pese al intento de final sorpresivo que acaba siendo un semi final light, dada la rapidez del desarrollo de acontecimientos que acaban pasando sin pena ni gloria.


En definitiva creo que no se está honrando la figura del superhéroe que estábamos acostumbrados a leer en cómics o ver en la serie de animación de los noventa porque ésta no va a ser una gran película para la historia del cine.