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jueves, 16 de mayo de 2013

El sótano del primo Barto: La china en el zapato


Más de una vez hemos defendido que los límites entre los diversos géneros se diluyen con una facilidad pasmosa, ya que afortunadamente no existe ninguna policía del género que ponga límites a los creadores, quienes según sus ganas de investigar o divertirse pueden quebrantar los límites que los investigadores académicos se empeñan en determinar sin éxito una y otra vez. El problema es aún mayor si hablamos del género cómico, algo que se vuelve complica si encima hablamos de la parodia, un género que realmente se sustenta en la perversión de un género preestablecido. Realmente, la parodia como género no debería existir, pues si analizamos una obra por sus partículas, sus unidades, vemos como la parodia no tiene ningún problema para permanecer como un parásito dentro del género que trastoca.

Esto es precisamente lo que sucede con el cómic Cosmic Dragon de Carlos Vermut, autor del proyecto transmedia Diamond Flash. Cosmic Dragon es una obra que a todas luces es humorística, pero que realmente se presenta ante el espectador como una obra de aventuras y fantasía. La parodia es fácilmente detectable, ya que sólo necesitamos una persona sin sentido del humor. Basta con coger Cosmic Dragon y dárselo a alguien carente de sentido del humor para que lo lea. Si dicho sujeto defiende que la historieta es una burda copia de Dragon Ball pero mal hecha, nos encontramos ante una parodia. Pues esta es la génesis de Cosmic Dragon, la saga de Akira Toriyama, esa maravilla que mezcla la leyenda chica del Rey Mono con el futurismo hipermusculado de los ochenta y la epopeya heroica grecolatina. Sin embargo, Carlos Vermut detecta todos los pequeños fallos tanto de la obra original como de su género para llevarlos al límite, plantándolos frente a los ojos del espectador.

Este proceso se realiza en dos movimientos, uno primero donde el héroe, Boken se enfrenta a su último gran enemigo, el cual cuando parecía derrotado vuelve a renacer con más fuerza. En esta primera mitad el humor se consigue mediante la visualización de los elementos, desde la personalidad de Boken hasta los personajes secundarios que le rodean, a cada cual más tan absurdo e innecesario, como básico tras la petrificación del género: el maestro, la chica, el secundario gracioso, etc. Se podría decir que Carlos Vermut desmonta los fallos de la obra de Akira Toriyama, y de algún producto cultural de oriente más, simplemente señalando con el dedo. Carlos Vermut no hace nada nuevo, simplemente nos hace conscientes de lo absurdo que son algunos parámetros que hemos aceptado durante mucho tiempo sin la más mínima duda. Evidentemente, esto no exclusivo de un género o una obra, pues con el tiempo todos terminamos aceptando pequeños errores, vacíos o simplificaciones simplemente para que un género aguante, por muy delicado que sea su andamiaje. Es parte del contrato como consumidor cultural.

Sin embargo, la verdadera genialidad de Cosmic Dragon llega realmente en el segundo movimiento, cuando Boken, al igual que ya lo hizo en su momento Son Goku, necesita la ayuda de todo el planeta para destruir a su rival. Sin embargo, Boken no puede triunfar porque una persona en el mundo no está por la labor de levantar los brazos y prestar parte de su energía vital. En ese momento asistimos a un debate entre Boken y un pequeño hombre herido sin ganas de vivir. Aquí el humor se consigue con otro medio bien distinto, introduciendo el realismo en un género demasiado plastificado. En el mundo de Boken, al igual que en la mayoría de los mundos de fantasía, no existen conceptos como la drogadicción, la violación o el suicidio, problemas para los que la superfuerza o las ondas de energía no tienen la solución. Pero en lugar de encontrarnos con el simple y llano realismo de “tus superpoderes no pueden evitar que mi madre muera de cáncer”, nos encontramos con una vuelta de tuerca más en la que el invalido y desprotegido que no tiene nada por lo que vivir se convierte en una necesidad imperiosa para el héroe, que ha dejado en segundo término al demonio galáctico para convencer a un hombre al que le da igual que la humanidad se salve o no. Y desgraciadamente para Boken, va a descubrir a las malas que no hay nada más peligroso que un hombre que no tiene nada que perder.


@bartofg

sábado, 27 de octubre de 2012

Spain is pain #73: Diamond Flash, expansion y transmedia.



Dentro del universo audiovisual el cómic siempre ha sido la forma más utilizada tanto por su maleabilidad como por su forma de llegar a grandes públicos focalizados en series de televisión y películas de culto. De ahí conceptos como canon y universo expandido utilizados para crear narrativas que apelan al texto original pero siendo siempre textos de segundo nivel. En los últimos tiempos a esto se le ha llamado, aunque en muchas ocasiones de forma equivocada, transmedia.

El transmedia no solo consiste en hacer un videojuego de una película o una película de un cómic, sino en la creación de un texto a partir de textos originados en diferentes formatos a partir de los cuales se obtiene un texto total. Es decir, nada de productos derivados en el sentido de que a partir de estos generan una lectura cero o que sea una mera rescritura adaptada al nuevo medio.

En este sentido podemos considerar Diamond Flash, Historias Caleidoscópicas (Cameo Media, 2012) obra creada por diferentes autores del panorama nacional entre los que se encuentran: Paco Álcazar, Manuel Bartual, Santiago García, Javier Olivares, Mireia, Pérez, David Rubín y Puño entre otros, como un texto transmedia. Para el que no lo sepa se trata de un título que aparece en la edición en DVD de la opera prima de Carlos Vermut DiamondFlash (Psicosoda Films, 2011). Esta pasa por ser la película de superhéroes más extraña e hipnótica jamás filmada, en la que el superhéroe en cuestión es el que hilvana las historias en torno a un secuestro de una niña, una mujer maltratada, y lo que parece ser un culto de magia negra.

Diamond Flash aparece tan solo de manera tangencial a lo largo de las dos horas que dura la película, esto hace de esta película tan especial, centrándose en lo íntimo tanto de las victimas como de los malhechores. Sobre todo, tal y como nos tienen acostumbrados los cineastas a adoptar las dinámicas del cómic de superhéroes haciendo que este ocupe toda la pantalla durante  toda la película. Dinámica de la que no escapan las adaptaciones nacionales, en las que los personajes que aparecen en los títulos de las mismas son los que ocupan el centro geométrico narrativo, ya sea Mortadelo y Filemon, Zipi y Zape o la desastrosa adaptación del Capitan Trueno.


El director de la película también hizo lo suyo con el tema de los universos expandidos con Plutón BRB Nero, La venganza de Mari Pili (Astiberri, 2009), como una expansión diegética de la serie de Alex de la Iglesia, cineasta relacionado en sus inicios con el mundo del noveno arte, Pluton BRBNero (TVE, 2008-2009). Vermut es también el autor de El Banyan Rojo (Dibbuks) y el creador de la serie de animación infantil Jelly Jamm, que tiene su alter ego en el film con otra serie de animación titulada Chorly Procket.

Diamond Flash, Historias Caleidoscópicas son en gran parte microhistorias que rellenan los huecos que deja la película, así como homenajes y algún crossover con el Titan de El vecino. Sin embargo, aquellos textos que me interesan son aquellos que hacen de la lectura de este cómic, que parece como un extra a esta edición, junto con el visionado de la película una experiencia transmedia.

Desconozco el proceso de creación del álbum y si el director de la cinta dio o no pautas a los autores de que tenían que tratar sus historietas, pero lo cierto es que el texto global que se generan con ambos títulos hace de esta una experiencia única e imprescindible. Ver la película a solas se me antoja imposible sin pensar en la prehistoria de la misma reflejada en estas historias caleidoscópicas, o la metaexperiencia que esta supone, ya que el álbum empieza con la misma historia de David Sánchez que esta leyendo una de las protagonistas de la cinta, y que podemos ver detalladamente en la película con un plano sostenido.

Quizás el único pero que se le puede poner a esta edición es que las microhistorias no estén en el orden cronológico de la película para poder hacer una lectura paralela al visionado de la misma. Por otro lado no me queda más que aplaudir esta iniciativa y recomendar el visionado/lectura de esta maravilla edición de Diamond Flash.

                                                                                                                                          @Mr_Miquelpg