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miércoles, 7 de agosto de 2013

Sesión Numerada #19. Dylan Dog: Los muertos de la noche (2011). Tan muerta y aburrida como un zombie.


El verano es una buena época para desperdiciar el tiempo que nos sobra viendo películas que desprenden cierto tufillo pestilente y Dylan Dog: Los muertos de la noche es un buen ejemplo de este tipo de cintas. He de confesar que yo, aparte de invertir mi tiempo en ver la película, pagué el precio de una entrada de cine hará un par de años, cosa que en aquel momento me irritó porque pensé que ese tipo de películas deberían distribuirse directamente en DVD y no ocupar un sitio en las carteleras.

Dylan Dog no es un cómic demasiado conocido en nuestro país, pero para aquellos que hayan hecho alguna visita a Italia y hayan pasado delante de un quiosco de prensa o entrada en alguna librería posiblemente les pueda resultar familiar, siempre y cuando sientan alguna curiosidad por observar las costumbres y los gustos locales. Dylan Dog es una serie de cómics creada por Tiziano Sclavi y publicada a partir de 1986 por la casa Sergio Bonelli Editorial. Dylan Dog se ha traducido a multitud de idiomas y editado en numerosos países, es por ese motivo que resulte llamativo que su adaptación a la gran pantalla no se encuentre a la altura del producto original y sea simplemente un pastiche malogrado de cine detectivesco y/o negro con toques de fantasía y horror sobrenatural  donde el humor negro no termina de hacer gracia.

No es de extrañar que la dirección del film deje tanto que desear si tenemos en cuenta quién es su director, el desconocido Kevin Munroe, director de la también fallida versión animada de las Tortugas Ninjas: TMNT – Tortugas ninja jóvenes mutantes (2007), hasta la fecha sus dos únicos trabajos como realizador. Pero también hay que examinar quiénes firman el guión que no son ni más ni menos que el dúo Thomas Dean Donnelly y Joshua Oppenheimer, responsables de fracasos como El sonido del trueno (2005) o Conan el Bárbaro (2011).



La película parece empezar bien con la presentación del personaje de Dylan Dog, interpretado por el actor Brandon Routh, que tampoco  llega a tener una carrera que termine de despegar, su interpretación de Clark Kent/Superman en Superman Returns (2006) fue duramente criticada, pero en el caso que nos ocupa es que no le faltan motivos a los espectadores. Poco a poco la cinta se desinfla cada vez más y la entrada de nuevos personajes no hace otra cosa que aligerar el proceso, que si vampiros, demonios, hombres lobo y zombies que están metidos en el guión a presión y usando los típicos-tópicos clichés del mundo de los seres sobrenaturales, a lo que se le suma que la voz en off destruye cualquier intento de crear misterio y suspense. Puede que en un primer momento la figura del ayudante Marcus, interpretado por Sam Huntington, con una vis marcadamente cómica, suavice los aspectos negativos del film pero a medida que sus interacciones se repiten resulta un tanto monótono y aburrido perdiendo su carácter gracioso, salvando exclusivamente la escena de la tienda de repuestos zombies o incluso la de la terapia de grupo.



Si mencionamos las escenas de lucha y acción: la planificación es casi nula, de los efectos especiales mejor ni hablar y del maquillaje y peluquería: el látex y la goma están a la altura de algunas de las series de ficción de televisión al estilo Buffy Cazavampiros, el demonio de la batalla final recuerda demasiado a El Maestro contra el que lucha  Buffy en el final de la primera temporada una vez que se ha abierto la Boca del Infierno.


En resumidas cuentas, si buscáis una película mala, con una narración dispar y unos efectos penosos de esas de consumo rápido y que igual de rápido se olvidan, ésta es vuestra película para desperdiciar el tiempo de verano y luego poder despotricar sobre la misma con los amiguetes.

miércoles, 12 de junio de 2013

Sesión Numerada #12. Superman Returns (2006). Un regreso inesperado.

Hace ya unas semanas que no se habla de otra cosa, en algunos círculos que nos son cercanos, que del 75 aniversario de Superman y de la nueva película, Man of Steel (2013), que se estrenará en nuestro país el próximo 21 de junio. Pero como aún no se ha estrenado no es mi intención hacer ningún tipo de spoiler, ya habrá tiempo de analizar la nueva película de Zack Snyder. 


Sin embargo, sí que nos vamos a centrar en Superman Returns. Este film se estrenó en el verano de 2006 pero ya desde un primer momento, incluso en su preproducción, comenzaban a salir a la palestra  opiniones enfrentadas sobre cómo sería la quinta entrega de este superhéroe. Cosas que suelen ocurrir cuando se adapta un icono tan potente de la cultura popular, porque al ser eso, un icono, en este caso  de los Estados Unidos,  cada cual tiene una particular visión del mismo.

Desde los arcaicos, por intentar darles una clasificación,   títulos de crédito que abren la película se puede comprobar que Superman Returns es un homenaje al Superman (1978)  de Richard Donner a lo que se le suma el tema original de la ya  tan conocida banda sonora de John Williams junto con la aparición póstuma de Marlon Brandon como Jor-El, el padre de Superman (también aparece su voz en off si el visionado se hace en versión original, siempre recomendable). Hasta aquí no hay nada que haga saltar las alarmas de los seguidores más cinéfilos, es cuando se decide quién sería el actor que encarnaría al superhéroe es cuando comienzan las críticas negativas. Brandon Routh era un total desconocido para muchos y el parecido con Christopher Reeve no hacía más que avivar el fuego de las comparaciones odiosas. Si a esto le sumamos que el villano no era otro que un recurrente Lex Luthor interpretado por un Kevin Spacey alejado de sus grandes interpretaciones, digamos que correcto pero para muchos no a la altura del Luthor de Gene Hackman. Además, los  pésimos ayudantes de Luthor hacen que en conjunto el papel de éste tenga un peso aún menor.



En lo que respecta al papel de Clark Kent, es casi tan inexistente que se echa en falta ciertos toques de humor del personaje, es su dualidad la que ocupa todo el protagonismo y, hasta cierto punto, es lo normal, no obstante, la película se centra en la humanización del superhéroe, algo que parece estar de moda, véase el caso de Spider- Man 2 (2004), las entregas del Batman de Nolan (2005, 2008, 2012) o incluso la última película de Iron Man (2013). Pero el caso de Superman llama aún más la atención porque esta humanización es casi impensable, no estamos hablando de un humano como pueda serlo Batman y es en este intento de mostrar el espíritu mesiánico de Superman donde el film adquiere su mayor grandeza visual. Las escenas de acción están rodadas de forma impecable, pero tal vez las imágenes de Superman flotando en el espacio, que tanto me recuerdan al Crucificado de San Juan de la Cruz de Dalí, o en el interior de la Fortaleza de la Soledad, o incluso volando sobre paisajes glaciares, nos muestran la grandeza de eso que llamamos cine.




A modo de conclusión y tras un segundo visionado del film reciente he de decir que la película no ha perdido el cariz del primer visionado, aunque se pierda el momento sorpresa del hijo (que no tiene nada de sorpresa, además de ser un auténtico tema polémico en el que no voy a entrar), para aquellos que se aburrieron por su longitud temporal les seguirá pareciendo larga y para quienes la disfrutaron como enanos seguirá siendo una obra maestra del entretenimiento.