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miércoles, 29 de mayo de 2013

Sesión Numerada #10 La mujer murciélago (1968). Wrestling femenino con superheroína.


La sesión de hoy está dedicada a una superheroína poco convencional, se trata de una adaptación libre a la mejicana de Batwoman, y digo adaptación libre por intentar definir de dónde sale esta película. Claramente, el film toma como referencia estética la serie de televisión  estadounidense de Batman del año 1966,  protagonizada por Adam West en la que hacía ya acto de presencia una joven Batgirl. Si vemos uno de los trajes de La mujer murciélago podemos comprobar que se trata del mismo tono gris de la serie, aunque no aparezca el logo por ninguna parte, en parte porque dudo que se solicitara algún tipo de derecho a DC Comics.

La mujer murciélago es, sin lugar a dudas, una producción de baja calidad, un tanto bizarra pero bastante divertida. Para que nos podamos poner en situación es necesario hacer un repaso general al argumento y su contextualización espacio-temporal. La película está localizada en Acapulco, Méjico, lugar en el que están apareciendo una serie de cadáveres, todos ellos famosos luchadores de lucha libre, uno de los deportes más populares de este país, lo que lleva a crear cierto desconcierto entre la sociedad y la policía, que desconoce el motivo de dichas muertes pero no el modus operandi del asesino. Es aquí donde aparece la superheroína en un intento de ayudar a la policía a desenmascarar al extraño asesino. La mujer murciélago es presentada como una mujer adinerada que vive en la capital, es una profesional en varios deportes como son: la natación, la equitación, el disparo y, cómo no, la lucha libre mejicana. En resumidas cuentas se trata de una mujer que engloba una serie de cualidades que la hacen ser todo un mito dentro de la sociedad mejicana. Dada su popularidad siempre que aparece en público lo hace bajo una especie de máscara de luchadora con la forma de murciélago  a la que ya estamos acostumbrados y su traje gris. En cambio, cuando está en una misión su indumentaria cambia a una pequeña capa y un ligero biquini.




Pero toda superheroína necesita un malvado villano contra el que luchar, en este caso se trata de un mad doctor, el neurocirujano Dr. Williams, que junto con su asistente, que no podía tener otro nombre que no fuera el de Igor, está trabajando en la creación de una especie de hombre anfibio, una mezcla entre un humano y un pez, una especie de evolución y al mismo tiempo involución a un estado primitivo en la que los animales acuáticos eran los únicos seres sobre la faz de la tierra.

La idea del doctor es simple, se trata de extraer el liquido pineal, de la glándula del mismo nombre, de una serie de cuerpos fuertes ¿y quién hay más fuerte que un luchador de lucha libre mejicano?, nadie. Una vez extraído el líquido se introduce en un pez y se somete a radiación para así crear una especie de simbiosis que tiene como resultado un híbrido bastante parecido a la criatura que aparece en la película La mujer y el Monstruo (Creature from the Black Lagoon, 1954).




No contento con haber creado el primer monstruo anfibio, Piscis, el doctor decide secuestrar a Gloria, identidad secreta de La mujer murciélago, para poder extraerle el líquido pineal, dadas sus cualidades especiales, y así crear la primera mujer pez.

Para aquellos que aprecien el cine psicotrónico tendrán donde entretenerse con esta película, destacando la escena de la persecución y sobre todo las escenas de lucha entre La mujer murciélago y sus enemigos, bastante graciosas y a medio camino entre el Pow!, Sock!, Bong! de la serie televisiva de Batman y el más puro estilo de lucha mejicana. A todo esto se le suma que nos encontramos con un producto de Serie B que aúna las películas de superhéroes cutres, en este caso en la línea de El Santo, con un toque de película típica de científico loco, aderezado con una trama de investigación típica de película de detectives. ¡Dime tú si no hay donde entretenerse!.




martes, 25 de septiembre de 2012

La crítica del dibujante: Batwoman - Hidrología

BATWOMAN: HIDROLOGÍA
ECC/DC
13,95 euros
144 págs.

Sinopsis:
Mientras trata de asumir los dolorosos secretos que le ocultó su propio padre, Kate Kane afronta la necesidad de entrenar a Flamebird, empeñada en convertirse en su compañera. Pero lo que realmente preocupa a Batwoman es resolver el caso abierto a raíz de la desaparición de varios niños, aparentemente secuestrados en el barrio hispano de Gotham City. Demasiados frentes abiertos, a los que hay que sumar el hecho de que esté siendo investigada por una misteriosa agencia gubernamental…


Tras veintinueve años de inexistencia en el limbo de los personajes olvidados, DC Comics nos sorprendió en sus primeras 52 (allá por el 2006) con la resurrección de un clásico: Kathy Kane, alias Batwoman

Lejana a su versión original, creada como pareja ideal de Batman y así cerrar bocas en cuanto a una posible relación homosexual entre los componentes del dinámico dúo (y llena, además, de clichés sobre lo que debían ser o no las bat-armas de mujer), la nueva Kate (Rebecca) Kane comparte con su predecesora poco más que el nombre, pues esta "resurrección" se nos presenta como un personaje fuerte, atractivo y, lo más importante, independiente de la extensísima influencia del hombre murciélago. 

Como plus, y dada su breve existencia editorial, Batwoman se ha visto librada del reciente "reseteo" en DC; un movimiento lógico que no hace sino sumar interés a esta nueva colección, una de las más interesantes del actual elenco de publicaciones del sello. 

Introduciéndonos ya en los contenidos de este tomo, lo primero que golpea nuestra vista es el espectacular arte de J.H. Williams III (Seven Soldiers of Victory, Promethea) quien, además de ser co-guionista del título junto a W. Haden Blackman, escritor ligado a la franquicia Star Wars; comparte páginas del número cero de la colección con la ilustradora Amy Reeder (retirada más tarde del título por diferencias creativas). Entre sus páginas, poco se habla de los orígenes del personaje, ya establecidos números atrás en la antigua numeración de Detective Comics, y sí de su vida dentro y fuera de la máscara: buscada por el gobierno, investigada por Batman, luchadora contra el crimen (natural o sobrenatural, en una excelente amalgama de argumentos), entrenadora y, cuando ella misma se lo permite, familiar y enamorada. Partes de un mismo poliedro siempre equilibrado que forman un guión (debo decir) igualmente entretenido, en el que no se deja faceta por explorar ni aspecto por avanzar. 


Volviendo al principal culpable de este tomo, J.H. Williams III, vemos que su paso en anteriores trabajos por las "mágicas" manos de Grant Morrison, Warren Ellis y Alan Moore, salpican su expresión plástica de complicadas composiciones a doble página que a veces rozan lo psicodélico, rompiendo la tradición lineal de la narrativa en pos del equilibro en la imagen, caminando así (en dos o tres ocasiones) sobre la fina línea que separa lo legible de lo caótico. 

Este aspecto se ve acentuado por los cambios de dibujo entre páginas, usando unas líneas más sencillas, casi sin manchas, cuando observamos la vida de Kate Kane y un acabado distinto (rozando la ilustración de corte realista) cuando aparece Batwoman. Cambios que el colorista, Dave Stewart (Hellboy, Superman, Captain America), sabe acompañar a la perfección con el uso de paletas de color más saturadas en el primer estilo y más apagadas en el segundo (sin contar ese poderoso rojo que viste a la protagonista en todo momento). 

Obviando esos puntuales excesos de composición antes mencionados, es posible afirmar que cada número es un experimento narrativo disfrazado de cómic de vigilantes, en el que, si no fuera por los disfraces, creerías haber visto un logo que rezara Vertigo en la cubierta.