Todo
aquel que haya podido visitar Italia habrá podido comprobar cómo la figura de
Diabolik sigue estando vigente en kioskos de prensa, librerias, etc. y es que
este anti-héroe italiano está rodeado de sensualidad y entretenimiento. Creado
por las hermanas Angela Giussani y Lucianna, este fumetto nero sigue siendo una
referencia del cómic italiano y para los que han trabajado un gran número de autores.El
gran Mario Bava fue el encargado de hacer una extraordinaria adaptación a la
gran pantalla en 1968, y digo extraordinaria porque como película funciona a la
perfección a la vez que es sofisticadamente preciosista. Inmersa en el rollo psicodélico
de la década de los sesenta, tal y como se puede apreciar en la escena del pub,
Diabolik parte de esa estética y mentalidad para hacer de este villano sexy un
revolucionario, lo es desde el momento que roba al estado, a los bancos o a los
grandes magnates, no como Robin Hood para dárselo al pueblo (alusión que se
puede encontrar en la película), sino para su propio uso y disfrute junto a su amada Eva, pareja tanto laboral como
sentimental y pieza indiscutible para entender al anti-heroe, escena de
secuestro, chantaje y rescate de la bella dama incluido.
Para
ser una película de los sesenta no decae en ritmo, el guión es resolutivo y las
escenas se encadenan sin demasiada dificultad, además de agregar varias
aventuras y misiones. En cuanto a la estética, tanto los planos como la
composición y la fotografía son eminentemente referentes a su época, pero no
por ello resaltan la atención del espectador en cuanto a cutredad, es más, el estilo y glamour que
destila la pareja protagonista infecta toda la película, haciendo que deseemos
ser como ellos y tener el mismo Jaguar y la misma casa-escondite. La acción, en
este caso sin demasiadas parafernalias de efectos especiales pero con una gran imaginación
y puesta en escena la hacen más entretenida si cabe.
En
lo que respecta a los actores, sí que pecan de cierta teatralidad que tampoco
llega a restarles una vez que te acostumbras. John Phillip Law hace un
excelente papel protagonista, risa malvada incluida, a la que se le une una
Marisa Mell con una estética rompedora que, como ya he mencionado con
anterioridad, hacen un tándem tan sensual, vean si no la escena de la cama en
la que yacen desnudos envueltos en diez millones de dólares, sexual, él conduce
mientras ella mete las marchas, o tan romántica, cuando él le afirma que ella
nunca estará sola.
Dejen
a un lado cualquier tipo de prejuicio y atrévanse a disfrutar de esta gran
película con un final digno de mención y recuerdo.
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