sábado, 20 de abril de 2013

Spain is Pain #101: No Surprises (Crónica del 31º Salón Internacional del Comic de Barcelona)

El fin de semana pasado tuvo lugar en Barcelona el que se considera el evento en torno al cómic por excelencia en España. Al igual que en los últimos años este se ha celebrado en el recinto ferial de Montjuich lo cual supone un gran espacio para que editores, librerías, tiendas de merchandising y cualquier tipo de negocio que esté vinculado a la cultura multifandom contemporánea puedan encontrarse entre ellos y con los lectores/seguidores/fans/coleccionistas.
La atención de los visitantes al Saló se divide en tres puntos: las exposiciones, las conferencias, y las firmas. Este año la apuesta de Ficomic por las exposiciones ha sido fuerte tanto por la cantidad como por la calidad de las mismas así como por la variedad, entre estas destacan (solo por citar algunas): Por un puñado de cómics, centrada en el comic del Far West; 75 años de Superman, el homenaje a Josep María Berenguer, Cuadernos de Viaje, la exposición de José Domingo, etc.
En cuanto a la parte conferencias y presentaciones destaca también la variedad pero sobre todo la amplitud temática de las disertaciones. Aunque, el evento más esperado por los visitantes son las firmas estas ganan por goleada a cualquier otro evento del Saló incrementando de hecho el factor comercial y de coleccionismo del mismo, este año han destacado las visitas de: Adam Hugues, Ariel Olivetti, Paul Grist, Guy Delisle, David Rubín, y Kevin Eastman por citar solo algunos de los mas nombrados.
Sin embargo, y recordando siempre la importancia que este salón tiene para la industria debemos cuestionarnos el modelo de salón que se está impulsando. Es evidente que la labor de Ficomic para la industria  es importante pero en ocasiones uno se plantea si la masificación es el camino para fomentar la cultura del cómic o tan solo ciertas culturas relacionadas con los tebeos. Es cierto que el modelo de salón, tal y como lo hemos conocido hasta ahora, está desapareciendo por mor de la convergencia y el advenimiento masivo de la cultura del comic, principalmente de superhéroes, en el cine y los videojuegos. Eso realmente afecta a la forma en que percibimos el cómo es o deja de ser un salón dedicado al 9º arte. Por otro lado está claro  que el modelo predominante y el querido por los aficionados al cómic es el de las Con’s estadounidenses encabezadas por la Comic Con de San Diego. Que en la actualidad se ha convertido en el mayor templo de culto a la convergencia mediática y de contenidos. Ficomic ya ha dado tímidos pasos hacia este modelo de salón pero parece que no se ha atrevido a dar el paso definitivo. Tan solo algunas distribuidoras de cine participan y en el caso de los videojuegos se fomenta la competición, y poco más que contar.

Por otro lado están los premios de este año, todos y cada uno de ellos merecidísimos por la calidad de los mismos pero si que se puede decir que han sido poco arriesgados, la apuesta ha sido claramente hacia un clasicismo puro en la gran mayoría de los casos. Purita Campos como gran premio del salón, Ardalén de Miguelanxo Prado, su mejor obra en muchos años;  Portugal  de Cyril Pedrosa, como mejor obra extranjera publicada en España y Oriol Hernández Sánchez como autor revelación denotan cierto estatismo por parte de la crítica nacional apostando por los valores clásicos del cómic. Harina de otro costal es el multinominado y por fin premiado fanzine Adobo y el premio del público Sleepers de Luis NCT, que son una apuesta mucho más clara por otra forma de entender el cómic mucho más arriesgada. Y riesgo, al menos en lo creativo, es algo que le hace mucha falta a nuestra industria.
En definitiva el Saló de Barcelona cumple las funciones que tiene que cumplir este tipo de eventos tanto de cara a la industria como de cara al público lector de comics. Es el lugar perfecto para encontrar montones de cómics, gente con las mismas aficiones y con las que puedes hablar de lo que más te gusta. A pesar de eso, y debido a la masificación del evento es cada vez más difícil encontrar algo realmente nuevo que se salga del mainstream, o que este no tape con su mercadotecnia, en parte al lugar cada vez más escaso y marginal que se les da a los faneditores y autoeditores. En definitiva, el Saló, es el Saló de siempre, es como ir al bar del pueblo de tus padres, que por muchas ganas que tengas en ir también quieres que cambien algo de la carta de una maldita vez.
                                                                                                                          @Mr_Miquelpg

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