Más de una vez hemos defendido que los límites entre los diversos
géneros se diluyen con una facilidad pasmosa, ya que afortunadamente no existe
ninguna policía del género que ponga límites a los creadores, quienes según sus
ganas de investigar o divertirse pueden quebrantar los límites que los
investigadores académicos se empeñan en determinar sin éxito una y otra vez. El
problema es aún mayor si hablamos del género cómico, algo que se vuelve
complica si encima hablamos de la parodia, un género que realmente se sustenta
en la perversión de un género preestablecido. Realmente, la parodia como género
no debería existir, pues si analizamos una obra por sus partículas, sus
unidades, vemos como la parodia no tiene ningún problema para permanecer como
un parásito dentro del género que trastoca.
Esto es precisamente lo que sucede con el cómic Cosmic Dragon de Carlos Vermut, autor del proyecto transmedia Diamond Flash. Cosmic Dragon es una obra que a todas luces es humorística, pero
que realmente se presenta ante el espectador como una obra de aventuras y
fantasía. La parodia es fácilmente detectable, ya que sólo necesitamos una
persona sin sentido del humor. Basta con coger Cosmic Dragon y dárselo a alguien carente de sentido del humor para
que lo lea. Si dicho sujeto defiende que la historieta es una burda copia de Dragon Ball pero mal hecha, nos
encontramos ante una parodia. Pues esta es la génesis de Cosmic Dragon, la saga de Akira Toriyama, esa maravilla que mezcla
la leyenda chica del Rey Mono con el futurismo hipermusculado de los ochenta y
la epopeya heroica grecolatina. Sin embargo, Carlos Vermut detecta todos los
pequeños fallos tanto de la obra original como de su género para llevarlos al
límite, plantándolos frente a los ojos del espectador.
Este proceso se realiza en dos movimientos, uno primero donde el héroe,
Boken se enfrenta a su último gran enemigo, el cual cuando parecía derrotado
vuelve a renacer con más fuerza. En esta primera mitad el humor se consigue
mediante la visualización de los elementos, desde la personalidad de Boken
hasta los personajes secundarios que le rodean, a cada cual más tan absurdo e
innecesario, como básico tras la petrificación del género: el maestro, la
chica, el secundario gracioso, etc. Se podría decir que Carlos Vermut desmonta
los fallos de la obra de Akira Toriyama, y de algún producto cultural de
oriente más, simplemente señalando con el dedo. Carlos Vermut no hace nada
nuevo, simplemente nos hace conscientes de lo absurdo que son algunos
parámetros que hemos aceptado durante mucho tiempo sin la más mínima duda.
Evidentemente, esto no exclusivo de un género o una obra, pues con el tiempo
todos terminamos aceptando pequeños errores, vacíos o simplificaciones
simplemente para que un género aguante, por muy delicado que sea su andamiaje. Es
parte del contrato como consumidor cultural.
Sin embargo, la verdadera genialidad de Cosmic Dragon llega realmente en el segundo movimiento, cuando
Boken, al igual que ya lo hizo en su momento Son Goku, necesita la ayuda de
todo el planeta para destruir a su rival. Sin embargo, Boken no puede triunfar
porque una persona en el mundo no está por la labor de levantar los brazos y
prestar parte de su energía vital. En ese momento asistimos a un debate entre
Boken y un pequeño hombre herido sin ganas de vivir. Aquí el humor se consigue
con otro medio bien distinto, introduciendo el realismo en un género demasiado
plastificado. En el mundo de Boken, al igual que en la mayoría de los mundos de
fantasía, no existen conceptos como la drogadicción, la violación o el
suicidio, problemas para los que la superfuerza o las ondas de energía no
tienen la solución. Pero en lugar de encontrarnos con el simple y llano
realismo de “tus superpoderes no pueden evitar que mi madre muera de cáncer”,
nos encontramos con una vuelta de tuerca más en la que el invalido y
desprotegido que no tiene nada por lo que vivir se convierte en una necesidad
imperiosa para el héroe, que ha dejado en segundo término al demonio galáctico para
convencer a un hombre al que le da igual que la humanidad se salve o no. Y
desgraciadamente para Boken, va a descubrir a las malas que no hay nada más
peligroso que un hombre que no tiene nada que perder.
@bartofg
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