sábado, 10 de mayo de 2014

Spain is Pain #175: Adolescencia obsolescente.


La adolescencia, ese lugar momento perfecto en la vida de un ser humano para hurgar en sus debilidades y sus inseguridades, constituye la base de muchos relatos de terror en el que se suele relacionar sexualidades prematuras, personajes aislados o demasiado aventurados con la muerte o mejor dicho se suele utilizar la muerte como elemento de penalización de estas actitudes. El miedo a matar y morir constituye una de las líneas argumentales del díptico Trabajo de clase/Nuevos Románticos (Apa-Apa Cómics, 2014) de Ana Galvañ y Marc Torices, que compone el Miedo Issue.

Ambas historias tienen en común dos cosas: tener adolescentes como protagonistas y la escasa aparición de adultos en el relato, y por otro lado el carácter preciosista de la narración a nivel visual. Son historias que buscan una proximidad con el teen-horror a la hora de abordar el relato pero que en seguida dejan los elementos típicos que los caracterizan para ahondar en otros aspectos narrativos.


En Trabajo de clase de Ana Galvañ la protagonista de la historia es Dios María una chica no demasiado agraciada, y en principio sin gran confianza en sí misma, a la cual le toca hacer un trabajo de clase con uno de los guaperas de clase. Es decir, niña apocada que no sabe qué hacer ante un chico y que para colmo tiene gran imaginación… y bueno el final lo leéis vosotros mismos. Creo que en este trabajo de Galvañ es mucho más interesante destacar dos aspectos narrativos muy bien construidos y que hacen de este pequeño cuento algo especial. En primer lugar están los espacios: la habitación de la chica (aunque aparece de manera testimonial), el instituto y la casa del chico protagonista. Tres lugares bien definidos a pesar de lo breve del relato, perfectamente manejables y rápidamente reconocibles por parte del lector. Esto último que en muchas ocasiones puede parecer algo banal, un mal trabajo con los topos en los relatos de género puede echar a perder la historia, aunque aquí se convierte en algo que en un principio puede pasar inadvertido porque cumple su función de manera eficaz: estar ahí para ubicar, identificar y reconocer a los personajes. Eso nos lleva al segundo punto a destacar en este relato y que viene dada no solo por la definición de espacios, sino por la construcción de unos sujetos que en principio pueden parecer “normales” en exceso pero que van mostrando sus cartas poco a poco dando paso o dejando lugar a que la historia sea explicada.


En cuanto al relato de Marc Torices se diferencia del anterior en la definición de personajes y espacios, si bien el relato anterior juega a desubicar al lector a base de normalidad reinante, esta segunda historia se nos plantea desde el otro lado: una situación anómala, muerte de adolescentes, una familia en principio disfuncional, una relación de poder entre compañeros y una enfermedad extraña. Torices juega a descolocar a los lectores, para ello se sirve del protagonista: Iván. A través del cual iniciaremos un viaje a lo desconocido del entorno en el cual habita este personaje. En todo caso el juego narrativo de Torices consiste en crear una serie de espacios dominados por la extrañeza que domina en el ambiente, y que en parte es dotada por la extraña enfermedad del hermano. Que no es más que otro de los elementos de ese pequeño juego del escondite que el autor quiere jugar con nosotros y que consiste en ir ocultando piezas que no tienen que ver con la trama principal. La que en un principio parece ser, ni es ni existe como tal ni desarrolla su función principal: guía conductora del relato. En definitiva, un ejercicio más que sobresaliente elaborado con elementos muy sencillos. Siendo ese uno de los principales rasgos autorales de este autor que siempre nos transporta a mundos extraños de la mano de personajes en apariencia normales pero que esconden bajo el tic de lo habitual lo raro y bastardo que tienen dentro de si los usos y costumbres sociales.

En fin, dos relatos sobre la extrañeza de la normalidad, acaso no existe algo más difícil de encontrar que lo normal, a cargo de dos autores especialistas en ese tipo de viajes alucinógenos al día a día del común de los mortales. A todo eso hay que sumarle una utilización exquisita del color en ambos relatos, cada uno con su estilo; y una bonita edición por parte de Apa-Apa con la que empieza a malacostumbrarnos a sus lectores.

                                                                                                               @Mr_Miquelpg

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